martes, 8 de noviembre de 2011

Capítulo 4 - Una charla con Mr. Hospital ~

# Pi, pi, pii .... pi,piii,pii,pi,pi,pi...
Creía saberme de memoria el número de teléfono del hospital ya que, hacía pocos meses, había estado mi hermana ingresada en él y yo llamaba cada noche, para hablar con ella.
 Esperé hasta que me contestó una máquina extraña, porque, inusualmente, me contestó con una voz de hombre muy, muy ronca.
      -Buenos días, está llamando usted al hospital "La Esperanza". Si desea usted hablar con un paciente, marque 02 y su número de habitación. Si usted, en cambio, desea información, pulse 197. ¡Gracias!
    Y se calló.
    Pulsé el 197 y esperé de nuevo mientras daba vueltas en la silla de mi despacho y veía girar repetidamente mi mesa, el armario y la ventana.
Sonada de música de espera "La quinta estación", este hospital era bastante raro.
     Y por fin, contestó una chica de voz angelical.
       - Buenos días, esto es información, ¿qué desea? - me dijo esto mientras mascaba un chicle y hacía pompitas, y, de fondo se oían máquinas y una lima de uñas en acción-
       + Buenos días, señorita...
        - Mª Ángeles,  -explotó la pompita-.
        + Eso, Mª Ángeles, buenos días. -hice una pausa - Llamaba para preguntar si mi madre está en el hospital... Se llama Belén, Belén López Caravante.
        -Mmmmm... déjeme comprobarlo, - se oían las teclas de un ordenador o portátil al ser pulsadas una por una lentamente- Sí, sí, aquí está en la habitación 417; pero, señor, esta mujer lleva aquí unos meses, y si es su madre, ¿cómo es que usted no lo sabía?
          + Bueno, en realidad sí lo sabía, lo que pasa es que... -carraspeé- Estaba ingresada de cáncer, eso sí, pero me acaban de comunicar que está terminal, cosa que yo no sabía, y supongo que le quedará ya poco tiempo, lo siento, antes me he expresado mal.
   
      La chica hizo una pausa en su habla y en sus repetitivas explosiones de bombitas de chicle; parecía que ya no estuviera, que se hubiera ido dejándome a mí a la espera indefinidamente. Miré por la ventana, había un parque muy transitado en frente de los juzgados.
Vi a niños con sus padres, con sus abuelos, revolcándose por la arena, y lanzándose por oxidados toboganes de pintura corroída y, me entró la nostalgia.

      De pronto, se oyeron por el teléfono unos pasos acercándose y me contestó la chica:
         - Está usted en lo cierto, su madre está ingresada con cáncer terminal, apenas le queda un mes. Adiós.
    
      Me sentí como una basura, me deprimí, lloré de la risa y de la pena, me volví loco, mi madre era la única persona que sabía por qué era corrupto, la única que me comprendía y la que tantas veces me había ayudado y ahora, se iba a morir.
Me levanté ipsofacto de mi silla en cuanto me sequé la última lágrima que caía de mis verdosos ojos. Salí al pasillo y, agarrándome de la puerta, miré hacia un lado y hacia otro, buscando a Emilio, pero ya no estaba, había desaparecido.

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